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MARJAK
Luisa Valenzuela
1/9/2009
La figura nace de la pincelada en un gesto inaugural --primitivo en el sentido de por primera vez-- para lanzarse a la aventura de crear un mundo. No hay marcha tras, son colores contundentes y formas francas que se apropian de todo el espacio disponible. De una sola ojeada creemos abarcarlo todo, la vista parecería colmarse en el golpe inicial pero nunca se colma. Hay una vibración que llama a trascender el color y la historia, o quizá a irlos integrando de maneras cambiantes.
Expresionismo, bad painting, repentismo. Es eso y no es eso. Aquí hay un estilo definido que no tiene nombre, aún. Porque se resiste a acatar regla alguna, a aprender una técnica determinada, a buscar el trazo que pueda rectificar lo que nació inconcluso o torcido.
Puede hablarse de sinceridad en el arte, y las telas de Anna Lisa Marjak son profundas, hasta dolorosamente sinceras. Sinceras a las patadas, a las carcajadas.
La historia de cada personaje se cuenta en toda su pureza plástica, no juega a las retóricas, no pretende racionalizar o narrar o transmitir mensaje alguno. Sólo dice aquí estoy y esta soy, y lo dice con una enorme fuerza y claridad precisa. Son perspectivas en fuga de la perspectiva, como si el plano de la tela se abriera a dimensiones imposibles.
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