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TESTIMONIO DE UN CONTACTO
Juan Valentini
9/6/2009
Estas fotos tienen dos caras: una visible (monocroma o en dos colores, a veces con escala de matices), y una invisible, que exige alguna forma de relato para hacerse ver. Por ejemplo, un texto como éste, que narra eso que hay en el fondo de la imagen y que la imagen contiene a niveles lo suficientemente microscópicos (e imaginarios) como para que el ojo humano no pueda percibirlo. En la escena que hay en el fondo de la imagen está Bruno recorriendo a oscuras uno de los cuartos de su casa con un contacto en la mano. Cada foto, con su singularidad cromática, resulta de una escena así.
El contacto es una superficie sensible que carga materia-luz, una superficie que en el acto de recibir la luz, percibe, y que al retener físicamente la luz, se modifica físicamente. O sea: lo que hace el contacto es –en este sentido general de percibir y ser afectado- igual a lo que hace el cuerpo humano.
En condiciones de oscuridad, el contacto no retiene líneas y planos de figuras, sino zonas de temperatura-color. Pero no por eso la imagen resultante es abstracta. Es no formal o no figurativa. (La fotografía no tiene cómo hacerse abstracta en razón de ser, de entre los tipos de signos, un índice). No obstante, y como dice el título de la muestra, el contacto da cuenta de algo. Siempre lo hace.
Como se sabe, toda fotografía analógica funciona por captura de luz (indiscernible del acto de la impresión). De la fotografía, estas fotos ponen el foco en ese acto primario (que es en sí testimonial), y al privilegiar el momento de la captura, determinan su interés por la corporalidad.
Pero este interés incluye otro elemento, más importante todavía. Recorrer con el contacto un cuarto a oscuras es una exploración, a escala íntima, de lo que pasa con el contacto como cuerpo sensible y de lo que pasa con el cuerpo del fotógrafo mientras realiza la acción. Los desplazamientos, con su atención a las diversas variaciones ambientales, interrogan en directo al perceptor y lo que éste percibe, así como las modificaciones que se producen en su cuerpo y en el del contacto.
Tales desplazamientos no tienen tanto que ver con la pregunta por lo fotográfico (que ya fue respondida, de muchas maneras, a partir de los sesenta, y en este caso aparece sólo de manera lateral). No se trata de viejo arte conceptual sino de performance, de actuación en solitario y sin otra huella o resto que imágenes casi perfectamente monocromas (sobre todo si se las ve de lejos). Pero, ¿por qué no tenemos registro de la performance en la propia imagen?
Dijimos que estas fotos tienen un componente microscópico, resultado de una diversidad de afecciones ambientales. No hay registro de la performance (en un sentido convencional), sino huellas de la percepción no formal que realizó el contacto. Pero además, la percepción del contacto establece un paralelo físico (e imaginario) con la percepción del cuerpo del fotógrafo. Ambos cuerpos, privados casi totalmente de luz, detectan al mismo tiempo, pero con aparatos perceptivos diferentes, lo no formal del espacio en el que se encuentran. No formal quiere decir cualidades que el aparato perceptivo no reconoce (porque no conocía), y que tiene que descubrir a ciegas. (Y el “a ciegas” acá no tiene que ver con la falta de luz en el cuarto, por supuesto, pero esa falta de luz favorece, en el experimento de Bruno, la no posibilidad de trabajar con la no forma).
Por tanto, “Testimonio de un contacto” significa, literalmente, “de lo que un contacto fotográfico puede dar testimonio”, pero también, que “se da fe de que se produjo un contacto (entre dos o más cosas)”. El contacto del cuerpo del contacto y del cuerpo del fotógrafo con lo no formal del espacio implica, por ende, y en última instancia, una toma de partido por el cuerpo en su aspecto más concreto, anterior a su capacidad de decodificar lo simbólico, y que sería lo opuesto del cuerpo abstracto tal como viene siendo modulado por las tecnologías de conexión virtual.
Para que haya percepción no formal tiene que haber cuerpos físicos, cuya dinámica y capacidad de influencia sobre otros cuerpos y de otros cuerpos sobre los suyos se percibe no por los sentidos externos, sino mediante otra cosa, casi imposible de describir, que es un aparato perceptivo justamente no formal.
Bruno no es un detractor de la fotografía digital ni un nostálgico de la analógica, sino alguien que retoma lo corporal de la fotografía como gesto de pregunta en un momento en que, en virtud de los últimos cambios tecnológicos y de las nuevas lógicas sociales, el cuerpo de las cosas tiende a la volatilización.
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INDICE NEGRO
Juan Travnik
15/5/2007
"…esa claridad sobre una pared, o más bien esa penumbra, vale por todos los adornos del mundo y su visión no nos cansa jamás".
Tanizaki / El elogio de la sombra
Desde hace unos años, Bruno Dubner trabaja sobre un eje conceptual definido de manera precisa. Si la fotografía se ocupa habitualmente de registrar la imagen de elementos, situaciones o personas —el referente— a través de la luz que reflejan sobre el material sensible, Dubner se encarga, a través de sus imágenes, de fotografiar la luz. "Me interesa la luz, no el referente que ella hace visible. Mi trabajo es justamente explorar y volver explícita la cuestión de que la fotografía es luz y oscuridad", dice el autor.
Y es aquí donde aparece, como en Tanizaki aunque por otras motivaciones, el elogio de la sombra. En esta serie impera la oscuridad. Sobre el negro de las imágenes, profundo y uniforme, aparecen zonas iluminadas de forma tan tenue como la de una pared, rozada por la luz de la luna llena que entra por una ventana. Otras se definen por el trazo blanco, de nitidez filosa, del contorno de una puerta cerrada que deja filtrar la iluminación del cuarto contiguo. O por luces de diferentes intensidades y formas, con tonos de color, que se funden sutilmente en las sombras.
Dubner plantea, con estas imágenes, una reflexión sobre el acto fotográfico esencial: la fotografía se hace posible con la sola presencia de la huella, indudablemente producto de la incidencia de la luz sobre la película aunque no reconocible como objeto. Pero las imágenes no sólo desarrollan el planteo conceptual, sino que también forman una serie que atrapa y provoca por su belleza simple y enigmática.
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