Mapa De Las Artes
ARTISTAS RESEÑAS
Kiblisky, Daniel

DANIEL KIBLISKY. LOS CIELOS SIN FIN.
Nanu Zalazar
15/5/2005

Después de recorrer América Latina durante varios años, Daniel Kiblisky presenta su muestra de fotografías en la que retrata a trabajadores en sus oficios, muchas veces invisibles para la sociedad que los recibe y necesita. Igual de invisbles –y silenciosos- podrían resultar los paisajes en donde están encuadrados estos trabajadores, pero no para el entrenado ojo del fotógrafo, para quién el paisaje empezó a tener un papel importante. Dentro de él, es el cielo el que gana la pulseada y se lleva el protagónico ya que aparece ocupando gran parte de las fotografías, dejando en la zona inferior apenas un módico lugar a la tierra, que trabaja como ancla y que por comparación resalta la majestuosidad de esos cielos que pueden mencionarse en plural, por que son diversos: los hay turquesas límpidos, de nubes grises y amenazantes o atardeceres de naranjas encendidos. La obra de Kiblisky dispara una ráfaga de aire puro que surge también de los bosques por donde la lluvia acaba de pasar, resaltado los verdes de las hojas, o simplemente de los campos divididos en parcelas, en los que vuelve a hacerse invisible, como en su muestra anterior, el trabajo humano. Las personas aparecen tímidamente en una foto que, según el mismo fotógrafo, es la punta del iceberg de la próxima propuesta y que, nos adelante, tendrá el ocio como eje en tanto momento para conectarse con la naturaleza. Kiblisky trabaja tanto en 35 mm como en digital y realiza tomas directas sin intervención alguna.
En esta muestra el paisaje nos sumerge en las inmensidades, tal vez para recordarnos la pequeñez del ser humano dentro del Universo y que el cielo, aunque tenga nubes densas, no termina ahí y que por encima de ellas hay un Infinito.

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PAISAJE VITAL
Francisco Javier Ríos
15/5/2005

Daniel Kiblisky en esta muestra nos expone sus recorridos y pensamientos con la misma atención puesta en la intención.
Sin duda es un fotógrafo de vocación, que no deja pasar el instante, pudiendo abordar rápidamente lo que ve sin dejar que la captación lo abrume.
Intuyo que su pasión es recolectar momentos y estadías vividas, generando día a día una bitácora visual de su traslación por la geografía.
Sus paisajes son paisajes perdidos en el que no importa su ubicación o tiempo, lugares donde podemos observar todo el énfasis, donde es posible congelar un registro óptimo y limpio, siendo el más adecuado para mostrarnos su respeto a su profesión y a la madre natura.
Se capta cierta profundidad, un mensaje silencioso, un testimonio sobre la naturaleza y su poder de seguir sorprendiéndonos.
Comparte con el observador la belleza de los caminos, rutas y paisajes, honrando el sabor “vital” de estar vivo y a la vez reafirma su alianza con la imagen.
Aquí es donde puedo observar la mirada más clara y madura de Kiblisky que selecciona con sus ojos entrenados la esencia sorpresiva y poética de nuestra Belle Argentina.
Me enfrenta con su soledad, la del ser humano que observa y muchas veces calla.
Es ese estar, que solo se evidencia en los viajes con pacientes caminatas por diferentes escenarios naturales, un fotógrafo de los que saben que la única forma es la convivencia permanente con su cámara y es allí donde surgen esos momentos únicos e irrepetibles que convierten las miradas sorpresivas en magia permanente.
En la obra titulada “Palermo” se me impregna en la retina la perspectiva y el verde de las copas de los árboles de estos bosques y paseos típicos de la Ciudad de Buenos Aires, que generalmente uno transita sin darle demasiada importancia tanto a la luz como a las especies botánicas que conviven en la ciudad. Daniel los retrata desde su lugar de observador casi intimista, brindándoles una nueva oportunidad en ser descubiertos.
En “Desde la vigilancia” se puede ver una grieta trazada casi perfecta en un suelo terracota, introduciéndonos a una visión seca y despojada de una cicatriz.
La foto rutense “Hacia Córdoba” es un cálido atardecer que te abraza con todo su esplendor, es esa misma luz que tanto maravilló a tantos pintores argentinos, haciendo de estos atardeceres algo histórico.
Tres siluetas perdidas y alineadas ascendiendo en la inmesidad pura del “Cerro Tronador” cubierto de nieve en una composición casi blanca donde podemos palpar la belleza de la ausencia o de la abundancia, quedando librado el desenlace a nuestra imaginación.
En esta muestra Daniel Kiblisky no solo nos acerca, a través de sus tomas claras, una tierra propia de belleza sino que además lo hace de una forma equilibrada y franca, captando toda nuestra atención y guiándonos lentamente a un recorrido que nos dejará muchas preguntas a resolver. Pero sin permitirnos olvidar el recordatorio constante del respeto que le debemos a nuestra maltratada Pachamama.

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