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Tengo el privilegio de ser de los que no tuvieron grandes dudas acerca de lo que querían hacer “de grandes”. Probablemente un primer gesto haya sido exigir mi caja de lápices Staëdler de 30 al regresar de un viaje sola en avión cuando tenía 5 años. Era el premio prometido y soñado. Firmar dibujando… Hacer retratos sin mirar el papel durante horas en el secundario y tener el extraño privilegio de que me dejaran en paz, quizás hasta con cierto respeto.
Tampoco dudé en que no quería una formación tradicional. Elegí no ir a Bellas Artes lo que tuvo muchas cosas a favor, y por supuesto dejó también baches. Aclaro que puede parecer que para mi no existe la duda, todo lo contrario, estas son honrosas excepciones. Tuve maestros en distintas etapas: Luis Fernandez, Hugo Sbernini, Ana Eckell, Carlos Gorriarena, clínica con Ernesto Ballesteros. No se si fui una buena alumna…
En paralelo con mi trabajo plástico, me empieza a interesar el trabajo docente, estar atenta a como abrir la cabeza, la mirada de otros. Se inicia un proceso de mucha experimentación. He trabajado con chicos, con adolescentes, adultos, con docentes, en diversas instituciones, en la UBA y en mi propio estudio. Para mi resultó un cable a tierra muy valioso y enriquecedor.
En cuanto a mi trabajo plástico, pasó por distintas etapas, momentos más fluidos y de mucha producción, a otros más introspectivos y de trabajo puertas adentro. Las muestras, variadas, no siempre en los tiempos deseados. O viene todo vertiginoso para dentro de dos meses, o teniendo todo el material ya muy maduro, hay que saber esperar, a veces un año, a veces más. Aprendizajes para estar en sincronía en tiempo y espacio.
Muestras para mi mas significativas: CCGSM en el ‘87; con Julia Lublin, Espacio Harrods en el ‘91; C.C.Recoleta ‘93; Arte X Arte ‘97; “Punto de viraje, turning point” en C.C.Recoleta en 2000, y “Relatos de superficie” en la galería Van Riel en 2009
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