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NEGACIÓN CON EL DOLOR
Alberto Giudici
3/8/2009
Dolores Zorreguieta, que desde hace una década reside en Nueva York, vino a Buenos Aires para asistir a las ultimas proyecciones de su video Nosotros, en el Centro Cultural Recoleta, y a la inauguración de la muestra Fotonovela, en Arte Contemporáneo 180º. Más allá del hecho casual, un hilo sensible enlaza ambas obras realizadas en soporte digital: una incisiva y dolorosa incursión en las relaciones humanas en el misterio de la sexualidad como punto de encuentro-desencuentro que, irresuelto, deja ala persona ante el gran interrogante de su ser.
Hay en Dolores una postura de género, pero es ante todo el lugar desde donde mira el desgarramiento que la persigue. “Mi obra –dice- está centrada en las heridas mas profundas y primarias y en la constante negociación entre nosotros y el dolor”. Lo autorreferencial, desde su posición de mujer, no es necesariamente autobiográfico. Esto se vio, hace dos años, cuando en el Museo de Bellas Artes mostró parte de su predicción pictórica, realizada en los 90. El cuerpo femenino lacerado, lastimado, herido, cubierto de curitas, era el eje que sostenía la serie de pinturas de una impresionante consistencia plástica.
El dato no es menor como no lo es en Nosotros, donde la resolución formal es el andamiaje de la construcción dramática. En sus 13 minutos, el video atrapa momentos de una pareja cualquiera, cargada de tensiones, espesos silencios y rencores que intermitentemente estallan en la evocación de los buenos momentos vividos o en el reproche de un deterioro inexorable. Zorreguieta enmascaró parte de la pantalla, de modo que sólo quedó un rectángulo vertical, casi una puerta que hacia del espectador un Voyeur incómodo, atrapado en punto de vista único mientras los personajes aparecían y desaparecían del ojo de la cámara; su propio ojo, en rigor.
Este efecto de distanciamiento reaparece en Fotonovela, una instalación de 66 diminutos relicarios puestos en fila a modo de friso, que relata una historia deliberadamente banal, al modo de las fotonovelas: el encuentro de una mujer y un hombre, la relación que irán anudando, la fantasía femenina de un amor que no excluye el deseo carnal, apasionado, explicito, hasta un final acurde con el género. El primer fotograma de la historia es el rostro sonriente, esperanzado de la mujer; el ultimo, igualmente sonriente, aunque se percibe hipócrita, el hombre. La fotonovela, como el melodrama decimonónico, no tiene medias tintas: el desenlace es “feliz –el amor eterno- o decididamente trágico. Lo que presupone la inmolación femenina, como una condena divina por haber franqueado la prohibición del placer. Cada relicario. Que contiene una foto ovalada de 1,6 x 2.1 cm., cumple el mismo efecto de distanciamiento que la máscara del video: obliga al espectador a un voyereurismo minucioso que lo hace cómplice de esta secuencia de amor y muerte donde, en definitiva puede ver y verse. Como señal Corinne Sacca Abadi, curadora de ambos trabajos, detrás de la obviedad de la historia, hay una clave presente “no tanto en la escena que vemos, sino en aquello que se oculta, en los enigmas que permanecen fuera.” Ese doble juego, añade, “propicia un estado peculiar por parte del espectador quien, probablemente se sienta interpelado, agredido, involucrado efectivamente”. Al final de la sala, ajena al relicario, hay vitrina con piezas de silicona que semejan tripas y que terminan en atroces dentaduras en franco combate. Una, titulada Yin-Yang, muestra una doble, feroz deglución. En el pensamiento oriental, el Yin y el Yang es oposición e integración de los contrarios, en la perfecta armonía de la circularidad. La mirada de Zorrrequieta, tan distintas, quizá esté dando una pista de esa clave que una vez más nos remite a una ambigua y nunca resuelta “negación” con el dolor que visceralmente atraviesa su obra.
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