Mapa De Las Artes
ARTISTAS RESEÑAS
Miliyo, Emiliano

COMO ES ABAJO, ES ARRIBA.
Diego Gravinese
15/6/2010

Fuente: Texto para la muestra "Inefable" en Ruth Benzacar

"Pues el cielo es el hombre y el hombre es el cielo, y todos los hombres un cielo y el cielo sólo un hombre".
Paracelso

Si, como decía Jung, la alquimia era una forma de proto-psicología, entonces su secreto más emblemático, el de la transformación del plomo en oro, debía ser una alegoría para describir un proceso que aún hoy sigue transcurriendo en nuestras mentes. Según Paracelso, la verdadera medicina tenía cuatro pilares:
La Astronomía.
Las Ciencias naturales.
La Química.
El amor
Es que la alquimia otorgaba gran importancia al orden cósmico tradicional de la astrología; orden en el que existe un entrelazo espiritual y físico entre el macrocosmos y el microcosmos, identificando a éste último con el ser humano. La obra de Emiliano Miliyo parece salida de la mente de un alquimista contemporáneo. Y es en ese sentido que cobra una dimensión única: hemos perdido (no sin justificación) la fe en las religiones, y la razón ha dominado la estética de los últimos 200 años, al tiempo que, extrañamente trasladamos esa fe hacia el terreno del arte.
Es que queremos creer, necesitamos creer. Pero a falta de una mitología adecuada, tal como lo anunciaba Joseph Campbell en los '80, hemos recurrido a toda clase de andamiajes espirituales. De hecho rara vez se habla de espiritualidad al hablar de arte. O se la da por hecho, evitando hacer las preguntas más difíciles, y concentrándonos en formalismos vaciados ahora de sus intenciones originales. En el mejor de los casos el resultado es una aniñada languidez existencial, cuyo eco material es un encantador desencanto.
La obra de Miliyo viene a dar vuelta esa ecuación como un guante. Su método no es nuevo, pero sí su intención. Otros artistas han llegado a estos lugares por intuición, pero Miliyo lo hace por deliberación. Es que él construye sus objetos obrando como un alquimista conceptual: Miliyo sabe cómo se ve una obra de arte, conoce el lenguaje del arte contemporáneo, pero también conoce el lenguaje de los símbolos y de los arquetipos, y los usa para crear imágenes adecuadas. Adecuadas para una época en la que la sensación general es de inadecuación. ¿Cómo recomponer el mapa? Una obra paradigmática en este sentido es "Refugio" donde una pieza que imita el estilo del sillón de Eames lleva por capitoné reproducciones a escala de los planetas del sistema solar, junto con el Sol y nuestra Luna. Todos los elementos del Universo Miliyo están presentes acá: una pieza de diseño brillante, atemporal -el sillón de Eames ya es un clásico- y descontextualizada, que de repente sostiene en el espacio negro de su cuero un sistema planetario. El nuestro. El respaldo devenido Cosmos, y el cosmos como respaldo. Algo empieza a resonar. ¿Pero por qué una pieza de diseño?
Las formas de la creación humana no son caprichosas. Ciertos patrones, ciertas curvas, ciertas líneas siempre van a tener en nosotros poderes evocativos, por el simple hecho de que son anteriores a nosotros. Los grandes diseñadores intuitivamente han canalizado estos patrones, y nos han dado elementos que mas allá de su función resuenan en nosotros de maneras sutiles pero poderosas. Se produce acá lo que yo llamo los dos conos de realidades: cuando una obra nos gusta todo nuestro universo, eso que nuestra mente llama realidad, converge sobre la superficie de dicha obra, y si ese trabajo tiene el poder de disparar nuestro subconsciente, se abre otro cono de espacio-tempo, desde la obra y diametralmente opuesto al primero. Las alegorías, pero mas precisamente los símbolos, tiene este poder evocativo, y es esa la verdadera experiencia estética que los artistas persiguen como a un fantasma inasible.

Nada mejor que un subsuelo para acceder a este mundo-Miliyo: un descenso hacia los arquetipos. Salimos de la realidad cotidiana, y nos sumergimos en este submundo donde los objetos cotidianos se invierten. En lugar de ser nosotros quienes imponemos sobre ellos nuestras ideas, ahora es como si ellos proyectaran algo en nosotros.Y es ahí donde entra el otro elemento central en la obra de Miliyo: el ojo. El Ojo. No ya en su versión retiniana sino como símbolo de esta finitud que nos define como seres humanos. La mirada no como ese dudoso lente aberrado del que desconfiaba Duchamp, sino como símbolo de nuestra creación del mundo. ("Son tus ojos los que realzan al mundo, pule tu Mirada"). Lo que elegimos ver construye la realidad. Y Miliyo, sabiéndolo, pone en escena la crucifixión. Qué osadía! Si hay un punto donde el micro y macrocosmos hermético se entrecruzan es en esa imagen. Pero no hay Jesús en la escena y hay ahí una clave: la cruz como símbolo de transmutación, de entrega y salida del loop ad infinitum en el que parecemos estar atrapados. La cruz como procedimiento químico, donde la ilusión de la mente se desvanece para abrir espacio a una nueva realidad. Y ahí entra el último eslabón de las premisas alquímicas: el amor. Sin amor no hay nada de todo esto. No el amor neurótico sino el amor objetivo: ese que nos hace dar cuenta que somos el centro del universo, como cada uno de los demás. Mientras que no lleguemos ahí, la Luna seguirá siendo un objeto allá afuera, solo reservado para la NASA, cuando en verdad está adentro nuestro. Como todo lo demás en el Universo.

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