Mapa De Las Artes
ARTISTAS RESEÑAS
Salamanco, Hernán

SALAMANCO EN BRAGA MENÉNDEZ
Eva Grinstein
8/5/2015

Integrante de una generación -joven y a la vez ya madura- de pintores que mantienen altísima la vigencia de esta disciplina en Buenos Aires, Hernán Salamanco (Buenos Aires, 1972) presenta sus nuevos trabajos en la Galería Braga Menéndez. Salamanco se afianzó en el circuito argentino durante los últimos años con sus trabajos de mediano y gran formato resueltos generalmente en una técnica que lo identifica: esmalte sobre chapa. Las planchas encontradas o buscadas se volvieron el soporte de los misteriosos paisajes que exhibió en este último tiempo, y que ahora parecen volcarse hacia el interior.
Estas obras recientes de Salamanco están atravesadas por una ligera tendencia narrativa que se asoma al universo de la infancia. Juguetes enteros y fragmentados, cuerpos infantiles, los muebles de la habitación del niño, todo se entremezcla eludiendo el relato explícito. Las cualidades de la técnica utilizada colaboran con esta veladura del tema (¿o es al revés y el tema se disuelve porque la técnica se impone?) y finalmente la cuestión infantil alcanza un estatus casi etéreo, que no es necesario decodificar para entrar en aquello que propone la pintura. El artista trata el esmalte de un modo inesperado, sorprendente, encontrándole capacidades cercanas a la acuarela o la tinta, descubriendo su posibilidad de diluirse hasta generar delicadas transparencias. La fricción entre tema, soporte y material conduce a unos resultados maravillosamente inquietantes: los niños prometen cierta bucolia; la chapa impone su crudeza de corte industrial; el esmalte debería dar un color pleno y sin embargo aquí se vuelve suave. En las fisuras generadas en relación con lo que esperamos se produce parte del encantamiento que provocan las piezas de Salamanco.
“Mis cuadros van más rápido que yo”, dijo alguna vez este artista. Y esa falta de especulación mental se vuelve palpable cuando la obra se construye como una amalgama entre manchas, superficies despintadas y líneas y sombras que ajustan la imagen en dirección a algún tipo de referente. La composición se vislumbra como una pequeña contienda entre colores y valores, y entre una tendencia al equilibrio y las ganas de desbaratarlo todo. Bajo esta tensión se despliegan las escenas que, intuimos, ocurren en el cuarto de los niños, salpicadas de osos de peluche y coloreadas en tonos pastel que ganan protagonismo en Cuco y Twins, las dos piezas más figurativas del conjunto. Cuando no es figurativo, el artista roza sin pudores una abstracción expresionista, gestual, en la que el placer del color mixturado y texturado se antepone a la nitidez de las formas.
En Cuco, Salamanco une tres chapas verticales conformando un mural de 260 x 450 cm., que por diversos motivos se despega del resto de la serie. Por su gran tamaño, por la utilización de varias planchas en lugar de una única superficie, por la anécdota (un alegre montón de mantas, cubos, muñecos y una pierna probablemente infantil, sobre una cama o cuna) y por un tratamiento pictórico que otorga más espacio a la línea de contorno (dotando a la imagen de cierta cuota gráfica que no tienen las otras), es la obra que nuclea a las otras a su alrededor. Pero justamente es en esas otras piezas menos ambiciosas donde Salamanco se brinda con mayor libertad e intuición, alcanzando picos como el de Twins, donde se perciben claramente dos niños sentados, de espaldas, en situación tan cotidiana como perturbadora. Es probable que sea esa imagen la que en verdad lidera el espesor de la serie, mostrando y retaceando al mismo tiempo, sugiriendo un clima tan festivo como oscuro, tan cercano como distante y definitivamente anclado en el mundo de la pintura.

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