Mapa De Las Artes
ARTISTAS RESEÑAS
Miño, Jorge

MIÑO
Delfina Helguera
6/6/2009

Fuente: Suplemento ADN Cultura, diario La Nación

El arquitecto Frank Lloyd Wright, al concebir el edificio del museo Guggenheim, pensó en una espiral ascendente, como un camino esforzado para el espectador. Y esforzada es la escalera infinita de la galería Ernesto Catena que asoma desde la puerta en la calle Honduras, aunque el ascenso tiene su recompensa: la muestra del fotógrafo Jorge Miño, que también tiene que ver con espacios arquitectónicos.
Miño es un artista que utiliza la fotografía como medio de expresión, o sea que construye una imagen a través de la lente y trabaja con los instrumentos que le brinda la tecnología. Sus fotos suelen ser vastas e inmensamente atractivas, porque se acercan a lo pictórico. En esta muestra, sus imágenes exploran dos tipos de espacios que se contraponen: los aeropuertos y los salones de embajadas. En ellos no hay nadie, sólo lugares vacíos. La arquitectura de los aeropuertos con el acero y las líneas netas y, por otro lado, el barroco de los salones, las alfombras, los cortinados y los adornos. En todos, el silencio.
"Quiero que la gente descubra que hay otras posibilidades en la foto, que tenga una lectura personal", dice el artista. El espectador se siente invitado a investigar, a detenerse en cada una porque los lugares le parecen familiares, pero hay ciertos elementos que lo descolocan. Los mostradores, las escaleras mecánicas, los claroscuros de los livings nos invitan a imaginar los ruidos, los que sucede en esos sitios públicos donde se cruzan personajes.
El contrapunto entre lo mullido y lo duro, lo general y lo particular, lo íntimo y lo multitudinario es donde Miño se siente cómodo. Para marcarnos la diferencia experimenta sobre las imágenes sacando referencias, velando, cambiando la luz, jugando a ser un fotógrafo alquímico como lo fueron Man Ray y sus huestes modernistas. Antes captó instantes en iglesias, estaciones de trenes, salones del Correo; siempre buscando líneas, directrices. Ahora, Miño nos regala estas imágenes ambiguas en donde cada uno puede imaginar, como dice el título, diferentes futuros. En la sala contigua expone Christian Bordes (Buenos Aires, 1972), invitado por Miño. Sus fotos son también interiores vacíos de gente, aunque se adivina la huella de sus moradores. Sillones, salitas, comedores destinados a la intimidad, tomados por un ojo obsesivo que registra hasta el último detalle.
Miño no abandona sus orígenes como pintor y dibujante. Tiene una serie de fotos, Consecuencia de puntos , que simulan ser dibujos en los que busca reducir los objetos a líneas, y los diferentes grises son como trazos de grafito. Las superficies dejan de ser lisas y relucientes porque los papeles en los que copia la toma son de algodón.
En la misma línea que estos trabajos, anteayer presentó en el Museo de Arquitectura (Marq) Formas propias , otra serie de fotos con imágenes de edificios en remodelación de distintas ciudades del mundo, como Buenos Aires y Roma, en los que las estructuras de andamios, caños y paneles se revelan como composiciones abstractas, "un conjunto de elementos en cuyo equilibrio interior se sostiene todo en unidad".

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PASAJERO EN TRÁNSITO
Máximo Jacoby
15/5/2009

Fuente: Diario Crítica Digital

Para viajar hay pocos objetos imprescindibles. Desde el viaje al aeropuerto comenzamos a recordar los olvidos, ropa, guías, música, remedios, etc., pero nunca puede faltar el pasaje, pasaporte y la bendita cámara de fotos. Todo viaje tiene su punto de partida, éste es el que eligió Jorge Miño para su última exhibición.
“Cuando viajo, la cámara pocket es mi mejor amiga, la exploto al máximo y me da muchas satisfacciones a nivel visual y después paso todo a una instancia digital, es una posproducción que para mí se vuelve un plus, un gran aliado a mi trabajo. Lo digital me da un punto nuevo y diferente a la toma inicial, y vivo el momento frente a la computadora como una experiencia personal, donde nunca sé en qué punto voy a decir: esto es lo estoy buscando”, comenta para Critica de la Argentina el artista. La muestra se arma en tres actos, que se articulan como un coro de voces simultáneas: “Puesta en escena”, “Cada vez que decimos adiós” y “Consecuencia del punto”. Salones de embajadas, interiores y exteriores de aeropuertos, respectivamente. Espacios particulares que funcionan sobre reglas sociales y políticas específicas, los aeropuertos son lugares públicos de circulación masiva, mientras las embajadas son espacios privados, residenciales. Al mismo tiempo no responden a la misma ley territorial, “dentro de la embajada no es territorio del país físico, sino del de origen, y en el aeropuerto, después del check in, no estás en territorio nacional. Esa confusión me parece fascinante, funcionan como estructuras de contención de esta situación, de esa persona en transito”.
Las series son consecuencia así de dos viajes, uno en el tiempo real del viaje registrado por la cámara y otro imaginario, que se produce desde lo digital. Los dos momentos de este gran viaje definen el modo de construir
la obra, donde la producción se funde en la posproducción. El álbum del viaje se vuelve un banco de imágenes que en la obra pierde rasgos subjetivos del lugar. El artista borra datos como idiomas, fechas, etc., para suspender la imagen en tiempo y espacio, en la que el espectador se vuelca sobre ésta formalmente. Unificadas por el blanco y negro, resueltas y montadas a la perfección, sin rastros de personas, el protagonismo del contexto en “Diferentes futuros” resalta por su franqueza. La ausencia de redundancias y pretensiones perfilan a Miño como uno de los artistas más lúcidos y refinados de su generación.

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