Mapa De Las Artes
ARTISTAS RESEÑAS
Telleria, Mariana

EL NOMBRE DE UN PAÍS
Javier Villa
9/7/2015

Fuente: Revista Los Inrockuptibles

“Tengo ideas que me necesitan como un dj, entonces: elijo, me apropio o encuentro cosas y las combino, edito, pego y uso, entendiendo ese uso como producción”, explica Mariana Tellería. Si bien estas líneas parecen una fórmula escuchada, deberían pensarse en la actualidad como género; decir que la muestra El nombre de un país recuerda a ciertos procedimientos ya vistos es acertado pero resulta poco. La artista rosarina cumple en su primera individual en Buenos Aires, desplegando un tono propio que se destaca por una composición orquestal bien ensamblada de movimientos muy variados, pero siempre sencillos y económicos.

Es por eso que el árbol gigante desplazado que recibe al espectador de forma grandilocuente, pero silenciosa, tiene el mismo peso –incluso uno menor- que las vitrinas que contienen pequeñas piezas de gestos sutiles con una belleza melancólica para nada empalagosa: una libretita cerrada que desborda de hojas otoñales, una clasificación por tamaños de cientos de ramitas cortadas en forma de Y, carteritas o envases que pasaron por un cutter y de los cuales solo quedan costuras o líneas directrices. Es con la acumulación de pequeñas –incluso ingenuas- metodologías discursivas y operaciones manuales, cobijadas por el respeto a un sistema lógico que mantiene la misma temperatura, que la puesta crece y cierra. Los objetos intervenidos no se perciben necesariamente como descontextualizados, deconstruídos o desvalijados de su función cotidiana: como explica la artista lo generado es un devenir, una realidad paralela que pone en crisis lo normal pero de forma cómoda y natural. Habrá que ver si se trata otra vez de lo mismo o si estamos ante una trinchera bastante original dentro de la batalla pos-duchampiana.

« Volver

MARIANA TELLERIA POR CLAUDIO IGLESIAS
Claudio Iglesias
10/4/2015

En el espectro que va de la intervención y el objeto encontrado al batik y la artesanía, pasando por la fotografía y la instalación, la obra de Mariana Telleria propone una relectura de tradiciones artísticas contemporáneas en función de interrogantes antropológicos como la significación cultural de las cosas cotidianas, las posibilidades de uso que ofrecen las formas y el modo en que toda civilización se define por un abordaje particular de las relaciones entre naturaleza y construcción. En su trabajo, estos problemas toman la forma de procedimientos sintéticos: sillas desprovistas de asiento, alpiste cultivado en flotadores, hojas de contabilidad descascaradas, sombreros hechos con ramas.

El nombre de un país, su muestra individual de 2009, invitaba al público a imaginar el paisaje, las costumbres y los ritos de un país posible, tal como permitían sospecharlo los indicios presentes en una vitrina con utensilios, una colección de platos de barro o una colección de indumentaria artesanal en una serie de fotografías. El enfoque antropológico es simultáneamente un enfoque ambiental: lo que llama la atención de la artista es el modo en que la cultura humana involucra la acción sobre la naturaleza.

En 2007, Telleria propuso una escultura para la explanada del Macro en Rosario, ciudad en la vive y trabaja: Ultimo lugar, un auto abandonado, ocupado por abundante vegetación de fantasía y una pandilla de gatos de cerámica. El reciclaje de un desecho de la civilización industrial por parte de una comunidad no humana era el tema central de la pieza, realizada en un estilo visual impactante, muy pegado a las pautas formales de escultores contemporáneos como Folkert de Jong o Allison Smith, que desarrollan íconos simples en escenas de alto perfil. En El nombre de un país, Telleria se replegó a un lenguaje casi privado de elaboración, sintético en su presentación de objetos apenas intervenidos: dos sillas unidas por una banda elástica, libros abiertos por la mitad a modo de estantería, hojas cuadriculadas plegadas, etc.

Desde un punto de vista técnico, esta forma de trabajar el objeto se pone automáticamente en línea con la máxima neoconceptual de reunir el máximo grado de familiaridad con el mínimo de acción por parte del artista, capaz de convertir un elemento de la vida corriente en un verdadero “objeto anómalo” a partir de operaciones sencillas como el corte o el acoplamiento de dos objetos.

El nombre de un país retoma este lenguaje (con citas recurrentes de Orozco, Macchi o Meireles), pero lo utiliza para poner el acento en las relaciones entre naturaleza, cultura y construcción. Telleria ocupó la sala de la entrada de la galería Alberto Sendrós con un considerable trozo de árbol. En la sala principal, del mismo largo, dispuso un conjunto de piezas alrededor de un juego de mesa y sillas de madera de fabricación industrial. El contraste entre el árbol y el mueble instala la problemática de las relaciones con la naturaleza, que el resto de los objetos explora en detalle. El papel (otro derivado de la cadena de símbolos que se inicia con el árbol) aparece exhibido como un elemento vivo al tiempo que fabricado, mientras las hojas de otoño picadas incluyen en su composición rectángulos de cartulina marrón. Las fotografías llevan el mismo tópico al terreno de la moda y subrayan el protagonismo femenino en la “cultura” que las piezas dejan leer o imaginar: en una de ellas, la modelo muestra un sombrero lleno de adornos vegetales y ramas. Otra exhibe una pollera hecha de plumas de pavo. Junto al mobiliario y la artesanía, la indumentaria aparece como un ámbito de fabricación mutua entre lo natural y lo constructivo. La acción siempre es mínima, y su denominador común no alude al corte (sinónimo de la abstracción analítica en el léxico neoconceptual) sino al entrelazamiento: enhebrar, atar, tejer, enredar, son verbos frecuentes en el vocabulario de Telleria, y permiten ver una orientación hacia la cultura femenina, entendida como un ámbito en el que la relación con lo natural puede resignificarse.

Los cruces que Telleria propone entre cultura, naturaleza y género involucran entonces una reactivación simultánea de la imaginería indigenista y los procedimientos usuales del conceptualismo contemporáneo. En su trabajo, el principio de acción mínima se asocia con la artesanía (“las manos son la mejor tecnología”, dice en un texto) e involucran metáforas ligadas al reciclaje, el uso de los recursos naturales y la posibilidad de diseñar nuevas relaciones entre la cultura y el mundo natural. En sus trabajos, la sensibilidad conceptual asume un rol crítico, y la visión de la naturaleza oscila entre la nostalgia y la utopía.

« Volver

Mapa De Las Artes
Copyright© 2009 Mapa de las Artes - Todos los derechos reservados
Buenos Aires, Argentina - Powered by Temarte SRL